Posteado por: Manolo Chamorro | 13 febrero 2012

FAUNA DOCENTE


Fauna docente
Hay tantas formas de dar clase como profesores en el mundo, ya que cada uno es único e irrepetible: solo debemos echar la vista atrás y recordar a nuestros maestros de colegios e institutos. Pero también podemos clasificarlos en varias categorías dependiendo de algunos factores: aunque sea imposible etiquetarlos al 100% ya que siempre hay una mezcla de matices, en los Claustros convive una auténtica ‘fauna docente’:

Maestro “Vieja Escuela”: a extinguir. Mantiene su programación de 1982, modificada en el 85 después de un curso de informática. Las nuevas tecnologías se limitan al uso del fax y el Wordperfect, suelen recordar con cariño los tiempos de la EGB y amenizar reuniones con anécdotas como “entonces no teníamos ni calefacción”, “las fotocopias las hacía yo con papel de calco” o el eterno “es que ahora no estudian”. En ocasiones también se encuadran en la subcategoría de “maestrón” o “maestrona”, ese docente en su último tramo de vida profesional de aspecto siempre digno y elegante. Suelen ser profesores muy eficaces, de recuerdo entrañable, pero ya analógicos en un mundo digital.

Maestro “Cursillista”: aparecieron con el nacimiento de la LOGSE y han llegado a ser legión. Es una auténtica raza docente con jerga propia que utilizan entre ellos para que el resto no conozcamos sus temas de conversación. Es común escucharles cosas como:
“El alumno no establece la correcta coordinación óculo-manual en las pautas convenidas para el desarrollo del lenguaje escrito” (un niño se tuerce al escribir).
“Su modelo comportamental no consigue afianzar las rutinas de convivencia adecuadas para el deseable aprovechamiento del proceso de enseñanza-aprendizaje” (el crío se porta mal y no atiende).
“Se observa dejación de la tarea de refuerzo aconsejada para consolidar el contenido conceptual desarrollado en periodo lectivo” (el chaval no hace los deberes).
“El procedimiento regulado de feed-back con los progenitores del educando no se consumó debido a que el profesor-tutor cursó enfermedad en las fechas convenidas para ello” (los papás no vinieron a hablar con el maestro porque estaba acatarrado).
Suele ser profesorado de primeros años, técnico y preparado, aunque en ocasiones emplee más tiempo en elaborar esas frases que en otras tareas más productivas. Se retroalimentan cada vez que acuden a un curso de formación. Conocen la normativa al dedillo, una de las muchas razones por las que siempre es bueno tener a algún “cursillista” a mano. Están comprometidos, son trabajadores y evolucionan relativamente rápido ante la realidad del día a día.

Maestro “Da Vinci”: ¿quién no conoce a algún profe tan creativo que sorprende a niños y mayores casi a diario? Tienen el aula llena de manualidades, ingeniosos artilugios, utilizan métodos originales, su biblioteca está repleta de manuales de juegos y creaciones artísticas con material reciclado… Habitan generalmente en las clases de Educación Infantil y reservan una habitación en sus casas para almacenar todo tipo de caretas, plastificaciones, disfraces, instrumentos musicales, juguetes, adornos, dossieres, etc. Tienen una gran habilidad para dejar en evidencia al mismo McGyver, haciendo cualquier material didáctico a partir de un envase de yogur o una botella de plástico.

Maestro “4.0”: la antítesis del “Vieja Escuela”. Esta clase de docente domina la Pizarra Digital, se forma on-line, tiene más pen-drives que lapiceros, elabora recursos en todas las modalidades conocidas de Office y casi se enfada cuando le dan un documento en papel y no en ‘formato pdf’. Enemigo natural de la tiza, de su portátil puede salir cualquier cosa. Suele estar a la última en tecnología y generalmente por eso es el coordinador TIC (tecnologías de la información y la comunicación) del centro donde recae. Son motivadores y se renuevan constantemente, aunque a veces lleguen a tener un punto friki. Si se juntan un “Da Vinci” y un “4.0” no habrá quien les aguante…

Maestro “Sargento”: con él nadie se menea. Es firme, estricto y muy celoso de la norma. Lo tiene todo calculado y no derrocha florituras, pero es muy eficaz en todo lo que hace. Tampoco le gustan las voces, ni tampoco necesita alzar la suya: sabe que su sola mirada vale más que mil palabras y con ella congela cualquier intento de rebeldía. Le da importancia a los detalles, a las pequeñas cosas como una insignificante tilde o guardar el suficiente margen derecho para que el cuaderno quede presentable. Generalmente ocurre algo muy curioso con el paso de los años: la mayoría de los alumnos, ya de adultos al cruzarse por la calle con el “Sargento” y entablar conversación, se sorprenden de su cordialidad (“mira lo majo que es con lo hueso que era… eso sí, la de cosas que me enseñó”).

Maestro “Alternativo”: se han multiplicado en los últimos tiempos, abundando los de perfil joven. Le dan a la clase un toque especial, utilizando enfoques y métodos revolucionarios, a veces incluso ‘subversivos’. Los alumnos se identifican más con ellos porque no están encorsetados por la imagen histórica del docente, dividiéndose en varias categorias: “Alternativo Sostenible” (socialmente comprometido, reivindicativo, ecologista…) y “Alternativo Urbano” (gafapasta, moderno, a la moda, enrollado). Son muy enriquecedores en los Claustros, ya que por regla general son innovadores y se atreven con cualquier reto o proyecto interesante.

Maestro “Novato”: el pobre está más perdido que un pulpo en un garaje. La primera semana ya se da cuenta de que todo lo aprendido en la Universidad es poco menos que el 5% de la realidad educativa, y que debe esprintar para asimilar lo que se le viene encima: reuniones de ciclo-nivel-comisión-loquesetercie, evaluaciones agotadoras, claustros eternos, metodología nueva, padres escrutadores, directores exigentes, diversidad en el aula… ¡y días de solo 24 horas para todo eso! Poco a poco va cogiendo el ritmo, y la adaptación en un par de cursos estará completada. Eso sí, la ilusión de estos profesores es inigualable con la de ningún otro compañero: eso se traduce en algún palo de ciego, mucho esfuerzo y mil buenas iniciativas que los niños agradecerán.

“¿Quién me dice el peso atómico del salchichonio?” – Genial Krabbapel

También existen otras clases de docentes. Por fortuna son una minoría, pero sin duda no favorecen a que el gremio sea valorado en su justa medida. Desde la Pública debemos reivindicarnos por todo lo que está ocurriendo, por evitar la degradación de la Educación, y somos nosotros los primeros que debemos luchar.

Maestro “No lo veo”.
Claustro: “Para este curso podemos hacer tal cosa”
Maestro: “¿Cómo, si no hay tiempo?”
C: “Podemos crear comisiones”
M: “Uf… eso no va a salir”
C: “Podemos pedir materiales”
M: “No nos los darán, ni por perder el tiempo en solicitarlos”.
C: “Los padres nos echarán una mano”
M: “¿Esos? No nos dan ni la hora, mejor ni decírselo”
C: “O hacer una excursión al monte”
M: “Quita quita, a mí no me liéis que demasiado tengo”

Hace tiempo los “No lo veo” se dejaban ver únicamente dentro de la categoría “Vieja Escuela”, siendo un pequeño grupo que iba notando los años de profesión en sus espaldas. Se han empezado a ver algunos jóvenes en esta categoría, lo que es un mal augurio para quien comparta centro con ellos: si en este trabajo no hay actitud, es mejor apartarse y no entorpecer a los que de verdad quieren trabajar.

Maestro “Años 60”: viene a ser el ala más radical de la “Vieja Escuela”. Su lema es “el que pueda, que me siga”, como se hacía a mediados del siglo XX: clases magistrales, exigencia máxima, métodos obsoletos, nula adaptación… Es un alivio que sea rarísimo ver alguien así. Todavía quedan muchos seguidores de este tipo de profesor -sobre todo entre personas ajenas a la docencia- que defienden argumentos como “antes éramos 40 en clase y aprendíamos mucho”, “lo que hace falta es más mano dura y menos contemplaciones”… pero sin reparar en que en esos años había un 30% de analfabetismo, todos los niños con dificultades acababan abandonando los estudios sin posibilidad de conseguir un título, no había inmigración, la sociedad miraba al maestro de una manera muy diferente, etc. Los tiempos han cambiado: no podemos formar a los adultos del siglo XXI con métodos del XIX.

Maestro “Metodista”: es una variante del “Años 60”, formada por quienes siguen el método (libro del profesor) con un fervor que roza el fanatismo, bajo el complicadísimo sistema de “hoja por día para todos”. Utilizan el mismo libro establecido, ya sea dando clase en una aldea de pastores de los Pirineos o en una barriada de inmigrantes de Cádiz, como se hacía antaño con la “Enciclopedia Álvarez” o similares. Analizar las necesidades de los alumnos, explotar su potencial, diseñar un plan de trabajo individual o un proyecto motivador es algo desconocido para ellos: todo se reduce a repetir religiosamente las indicaciones del libro y corregir los exámenes que también aparecen en él. Obviamente los alumnos, además de no aprender gran cosa, con el tiempo recuerdan más la editorial del libro que el nombre del profesor.

Maestro “del escaqueo”: nos ponemos un poco más serios y aclaramos que estos personajes florecen en cualquier ecosistema ya sea público, privado o el aberrante subvencionado-concertado. Son los más peligrosos. Los vemos en todos los gremios: desde ingenieros hasta altos directivos, de albañiles a transportistas, músicos o jardineros. En la Administración hacen mucho más daño que en la privada porque su irresponsabilidad la sufrimos todos. ¿Quién no ha tenido un “compañero” que ya sea por vagancia o incompetencia ha dejado de cumplir con sus funciones? Pues bien, de estos también hay en los centros educativos, y habría que erradicarlos por completo.

Algún espécimen antepone su propia comodidad e intereses antes incluso de cumplir los mínimos exigibles. Sin querer reflexionar sobre las condiciones de trabajo del funcionariado -cosa que da para otra entrada-, los estadísticamente pocos ‘escaqueadores profesionales’ de la docencia española (está comprobado científicamente que son solo una minoría, aunque haberlos haylos) deberían ser fulminados del puesto. No generalizamos: hablamos de los que se “fuman” horas de trabajo de manera regular, los que boicotean al compañero currante para que no se note su nula productividad, los que dedican más tiempo a las exigencias y enfrentamientos que a sus propios alumnos, los que utilizan aquella oposición aprobada como salvoconducto vitalicio, los que abusan de las bajas laborales y sobrecargan a los compañeros… en definitiva, los que crean problemas y dan la mala fama al gremio. Sin paños calientes: los profesores tenemos una grandísima responsabilidad, muchas funciones y unas condiciones cada vez más difíciles, pero para pedir reconocimiento y derechos primero hay que cumplir con las obligaciones. Y eso no se hace poniéndose una camiseta verde y acudiendo a un par de manifestaciones, sino con la profesionalidad por bandera y dignificando día a día el trabajo más bonito del mundo. Y es que si nosotros no somos íntegros, ¿qué ejemplo daremos a nuestros alumnos? A por ellos: son muy pocos y cobardes.

Y tú, ¿con qué clase de profesor te identificas?

Y aquí acaba el documental “Fauna docente”. Aprovechamos para agradecer a todos que “Valles y cumbres” haya llegado a las 10.000 visitas en apenas 3 meses de existencia, y en especial a aquellas personas que apoyan y animan a seguir con el blog ya sea leyendo, comentando o difundiendo: va por vosotros.

Publicado por escribanodevalderas en sábado,

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Responses

  1. Hola, llegué a tu rincón buscando como bajar los videos de a la carta. Gracias por el esfuerzo y el tiempo invertido.


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